¿Podemos aprender historia viajando? - Monumento a los Descubridores
Entre tantos trabajos, apuntes, exámenes y exposiciones que preparar, siempre hay que sacar un hueco para hacer lo que más nos gusta a cada uno y desconectar. En mi caso, el otro día me puse a revisar las fotos que había hecho durante mi viaje a Lisboa el último verano, encontrándome así con la siguiente fotografía del Monumento a los Descubrimientos, el Padrão dos Descobrimentos como se dice en portugués.
Se trata de una enorme construcción de 52 metros de altura cuya forma es la de una carabela que se está haciendo al mar, en este caso a las orillas del Río Tajo, además de ser uno de los monumentos más importantes y reconocidos de la ciudad de Lisboa. Fue construido bajo el régimen de Antonio de Oliveira Salazar e inaugurado en 1960 con el objetivo de conmemorar los 500 años de la muerte de Enrique El Navegante, cuya elaboración va de la mano del arquitecto José Àngelo Cottinelli Telmo y el escultor Leopoldo de Almeida.
En la proa, podemos observar al infante Don Enrique, acompañado de otras 33 figuras reconocidas de la Era de los Descubrimientos que partían desde ahí. Algunos de los más destacados en el perfil occidental son el poeta Luis Vaz de Camões, el matemático Pedro Nunes o el Infante D. Fernando, hijo del rey Juan I de Portugal, mientras que los más reconocidos por el perfil oriental son el rey Alfonso V de Portugal, el historiador João de Barros, o Bartolomeu Dias, descubridor del Cabo de Buena Esperanza.
Ambos lados cuentan con el escudo de Portugal, mientras que sobre la entrada del monumento nos topamos con la espada de la Casa Real de Avis. Por otro lado, a sus pies se encuentra situada una rosa de los vientos sobre un impresionante mapamundi con figuras tanto de navíos como de sirenas, que refleja las distintas rutas con sus respectivas fechas que realizaban los portugueses. Esta última parte fue un regalo por parte de Sudáfrica en el momento de la construcción. Algunos de los descubrimientos que podemos encontrar son Madagascar (1500), Cabo Verde (1444) o Río de la Plata (1514).
En este sentido, decimos que el aprendizaje de la historia no se limita únicamente a las cuatro paredes del aula, sino que podemos aprender de otras muchas formas, ya sea viendo películas, jugando o viajando. Esta última opción es, sin duda alguna, mi favorita.
Además, si bien es cierto que se puede entrar tanto al sótano como subir al mirador que presenta el monumento, yo no pude hacerlo durante mi visita. ¡Una excusa más para volver a Lisboa!
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