Un Halloween lleno de historia

Como cada año al acercarse la fiesta de Halloween, mientras los más pequeños buscan el disfraz más terrorífico de este año y van aumentando sus ganas de pedir truco o trato, la gente joven planea la fiesta a la que acudirá junto con el disfraz más original y atrevido que se pondrán para celebrarlo.  Sin embargo, este año mis amigos y yo decidimos pasar un puente de Halloween diferente, por lo que optamos por realizar un viaje a la que es considerada una de las ciudades más bonitas de nuestro país: Granada. 

Allí, no solo nos empapamos de la gran belleza del barrio del Albaicín y de la Alhambra y de toda la historia que trae a sus espaldas, sino que también nos encontramos con grandes exposiciones artísticas repartidas por toda la ciudad, destacando sin ninguna duda “La transición en su tinta. Martínmorales” en el Palacio de la Madraza. Se trata de una exposición dedicada al humorista gráfico y sus obras publicadas en los medios de comunicación más relevantes del país durante el periodo de la Transición española, desde 1976 hasta 1985, realizadas la mayoría en tinta sobre papel, aunque también nos encontramos con algunas muestras en acuarela. Cabe destacar como la democracia española llegó de la mano con diferentes nuevas formas de expresión como los cómics o el paso de las historias infantiles en los periódicos a inundar a estos con temas para nada relacionados con la infancia, como la política. 


La sala de exposición estaba dividida en diferentes partes: una dedicada únicamente a la situación política de la época de la Transición, encontrándonos con viñetas dedicadas a personajes públicos como Manuel Fraga, Calvo-Sotelo, Franco, o al golpe de Estado del 23F; otra zona centrada principalmente en el mundo mediático donde poder ver cómo se vivieron esos años desde la televisión, la radio y los periódicos; y finalmente, una tercera parte dedicada al sistema educativo, concretamente al mundo universitario. 

Esta última sección fue la que más me llamó la atención, pues en ella el autor no solo hace una crítica al gobierno de la época y los cambios que trajo consigo en el ámbito escolar, sino que también critica la organización de las universidades y el mundo laboral, invitando al espectador a reflexionar sobre si es realmente necesario tener una carrera universitaria para poder comenzar a construir un futuro, si simplemente hay que saber venderse y echarle cada, o si se trata de una lotería. Gracias a estas viñetas podemos conocer el punto de vista del autor y de gran parte de la población de la época, transportándonos a la situación por la que pasaban numerosas familias, lo que nos lleva a observar cómo, a día de hoy, siguen vigentes muchos de los aspectos que trata el autor. Por ejemplo, critica que el sistema de evaluación se basaba únicamente en la realización de múltiples exámenes, o como los primeros años de carrera están repletos de jóvenes con ganas de aprender, y a medida que avanzan los años, las clases se van quedando cada vez más vacías ya que los estudiantes no son capaces de superar las adversidades a las que han de enfrentarse. No se trata de que no les resulten atractivas las carreras, sino que las dificultades económicas, sociales o educativas a las que se enfrentan, superan sus límites, sin tener claro que esa carrera les vaya a otorgar un futuro. Se trata por tanto de una incógnita todavía sin resolver a día de hoy.





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